
Se sentó en la playa para descansar y serenarse,
mirando al horizonte,
arrojando hacia la profundidad del mar
toda su desazón e incertidumbres.
Cerró los ojos y pensó:
"Necesito que me abraces en silencio".
Y una ola atrevida sumergió todo su cuerpo
en sal, espuma y ardiente anhelo.

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